De la rabia al pasmo…
Por Elisa Blanchet
Hace años, durante la época del primer gran fraude, cuando estábamos seguro de que Cuauhtemoc Cárdenas había ganado la silla presidencial y se la robaron para entregársela a Salinas, una pluma de La jornada dejó su espacio en blanco con la siguiente nota: "me quedé sin palabras…" Recuerdo que me reí su actitud y la aceptación de los editores, sabiendo como sé… como sabemos… que las palabras no alcanzan a expresar lo que el colectivo mexicano siente, con sus deshonrosas excepciones, por supuesto.
Incluso –y lo habrán sentido- los calificativos se agotan, porque en español y eso que nuestro lenguaje es rico, haría falta alguna expresión, mejor que ladrones, mejor que mentirosos, mejor que criminales, mejor que farsantes, mejor que locos… mejor que náusea.
El gasolinazo, el TLCN, el narcotráfico, la permisividad para que en un pueblo de pobres y miserables se haya generado la riqueza de Carlos Slim y de tantos otros, la destrucción compulsiva de la biodiversidad, el reciente fenómeno de Tabasco ocasionado, no por los influjos de la luna, como dice Felipe Calderón, sino para embolsarse millones en la compra de energía eléctrica, que un país como el nuestro no necesita. La sumisión de la Suprema Corte de Justicia, la blandura de las cámaras altas y bajas en Veracruz, la compra indiscriminada de todo, de los medios de comunicación, de esbirros, de conciencias, de votos, de propiedades personales… Y el cinismo… dios… el cinismo con el que Calderón y los gobernadores se lanzan a decir exactamente lo contrario de lo que la realidad expresa en todas partes.
Pero se preocupan por todo, por la pobreza, por el calentamiento del planeta, por la salud, por la dignidad, por la educación, por los niños y los ancianos, por el agro, por la delincuencia, por los exiliados del hambre, por el narcotráfico, por la prostitución infantil. Se preocupan tanto en el discurso y tan nada en la acción, que lo único que puede concluirse es que somos un pueblo gobernado por una sarta de inútiles, o de idiotas que ni ven, ni oyen, ni entienden.
Lo bueno, escuchen bien, es que no los elegimos, se eligen solos y van por la vida de sus tiempos constitucionales como pequeños Atilas, dejando huellas en donde la hierba –y esto es literal- ya no crecerá.
Por todo esto tuve las ganas de copiar al periodista de La Jornada. Decidí no hacerlo, porque quiero invitarles al mercado este domingo.
Comenzaremos un Ciclo de películas de Chaplin, ese maravilloso crítico social que golpea la conciencia haciéndonos reír. Son películas realizadas en las primeras décadas de 1900 y por lo tanto mudas. Sus temas de infortunio han sido rebasados en su país, pero… ¿en el nuestro…? mejor no hablamos.
Los esperamos desde las 10 con todo y fonda, se dan espacio para conocer y a lo mejor adquirir nuestros productos sanos (ecológicos y sin toxicidad), a las 12 van al auditorio para volver a ver (con sus hijos) la película "El Chico" y a la una de la tarde, saliendo del cine, estaremos disfrutando de un Teatrino con un cuento infantil.
Los esperamos?
Asi sea!
-- Elisa Blanchet
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